El Estado no es una formación arbitraria y aislada, no puede serlo pues eso lo condenaría a una vigencia fugaz. La finalidad de su creación es tan grande que necesita de la continuidad eterna del tiempo para consumarla. Si el objetivo del Estado es proveer los medios para procurar la felicidad de sus integrantes, entonces exige la eternidad como medida. Sin embargo el Estado no ha existido siempre, es una creación del genio humano. Si hiciéramos un ejercicio mental a fin de remontarse a la prehistoria podríamos imaginar al cavernario salvaje y sin idioma, representación paradigmática del hombre de tiempos antiguos, defendiendo su territorio, como lo hace cualquier otro mamifero de la actualidad, por un deseo de superviviencia que lo arrollaba así mismo. Sin embargo, la misma investigación histórica asegura que los hombres antiguos eran más bien nómadas, recorrían las grandes rutas de migración de las manadas que cazaban como alimento, de sur a norte y de norte a sur con cada cambio de estación. Sería entonces la agricultura la que le permitiría asentarse, pero aun eso no explica del todo la aparición del Estado.
Consideremos entonces la siguiente propuesta: El Estado surge al parejo de dos eventos, el aumento de la población y la aparición de las concepciones mágicas y religiosas. La primera requirió una organización más compleja dentro de los grupos humanos y la segunda permitió la aparición de estamentos religiosos o sacerdotales que estaban investidos de la sabiduría para conducir la nueva organización. Lo anterior sustentando la idea de que el Estado, como un sentimiento de pertenencia más allá del sanguíneo es por fuerza una idea mágica, casi mística de un Poder Superior integrado por todos los que lo formamos.
Los Estados actuales se generan y permanecen a partir de ideas. Nuestro país se constituye, se forma a partir de las ideas desarrolladas por las castas criolla y mestiza de separación respecto de la Corona Española. No era un deseo únicamente político, sino también económico y si se me permite espiritual. Las masas enardecidas que arrasaban pueblos bajo el mando del cura excomulgado Miguel Hidalgo, se aglomeraron alredor de un deseo de identidad, los líderes hablaban de una nueva nación, con nuevas reglas y la igualdad entres sus miembros. Se hacía hincapié en el vínculo que fundía y funde a los indígenas con la tierra de sus ancenstros. Se abolío la esclavitud cumpliendo el anhelo que nunca viera del negro Yanga.
E N C O N S T R U C C I Ó N . . .
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