27 de mayo de 2010

Legalidad y legitimidad

El problema entre la legalidad y la legitimidad ya ha sido tratada desde hace mucho tiempo. "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo se ocupa de esto casi en su totalidad, no sólo en lo que respeta a su origen sino también a su ejercicio. Puede el poder tener un roigen legítimo, pero esa legitimidad se pierde en el ejercicio o al revés, un origen ilegítimo pero con un ejercicio que lo legitima. La legitimidad es una cualidad que aplica el gobernado como su decisión expresada de forma expresa o tácita respecto de su deseo de ser gobernado en una forma y por ciertas personas en particular.
En la antigüedad tenemos al rey Dario que para legitimar su conquistas sobre los pueblos a los que dominaba, les permitía seguir practicando con absoluta libertad sus religiones, mientras que no se negaran a entregar sus aportaciones tributarias. Desde luego que nada de esto legitima una conquista, como sucedió en mesoamérica con los mexicas, que supieron ser temidos por todos los pueblos, pero nunca consiguieron obtener su reconocimiento como autoridad y gobierno.
La legitimidad debería de ser exigible en nuestro país, así o más como es exigida la legalidad de los actos de autoridad, pues culturalmente sería más útil que aceptaramos a la autoridad a que temieramos la ley. La legitimidad es entonces el respeto que se guearda a la institución que hemos decidido conformar en el Estado.
El plebiscito, el referendum, la revocación de mandato y los informes populares son medidas urgentes que hacen falta implementarse en el país, pues decisiones buenas o malas pero legitimadas cuentan con la fuerza de la soberanía que reside en el pueblo, pues de ahí surge la riqueza y poder del estado.

¿Vale la pena la democracia?

¿Vale la pena la democracia? Tanta sangre derramada en contra de los regímenes monárquicos durente los siglos XVIII y XIX y mucha más en contra de las dictaduras militares que tanto han lacerado a nuestra américa. México mismo se puede tomar como el ejemplo claro de poseer en su historia nombre tras nombre de pretorianos que han ocupado el poder. Nuestras más recordadas guerras civiles han sido provocadas en contra de nombres y gobiernos como lo fue Santa Anna, Zuloaga, Díaz, Iturbide.

Desde luego que vale la pena la lucha por las libertades, pues no comprendemos la felicidad sin tener cuando menos un par de ellas. La lucha habrá de renovarse ahora, pues el poder no tendrá una persona en particular ni un punto focalizado hacia donde dirigir el esfuerzo. La globalización ha colocado actores que resultan difusos y dispersos. La angustia está en no saber quién manda, ni quien gobierna pues el poder lo tiene en realidad factores que ya no son públicos sino privados, tal es el caso de las trasnacionales.

PARTIDOS POLÍTICOS

SUBSISTEMA ELECTORAL Y DE PARTÍDOS POLÍTICOS.

Desde la aparición de fenómenos democráticos, en donde las decisiones se consideraban, discutían y aprobaban en asambleas y no sólo por la voluntad única de un monarca o dictador, se hicieron presentes la agrupaciones políticas y los sistemas de elección de entre varias opciones. Las facciones se agruparon al principio de forma pasajera, alrededor de un liderazgo carismático o con amplio reconocimiento militar o religioso, se han denominaron protopartidos y sólo obtiene la permanencia y trascendencia posterior a la de sus fundadores a partir de que el elemento que los une deja de ser el interés particular y se convierte en el interés de consolidar en la realidad políticas e ideas de poder que se distinguen una de otras.

El pasado prehispánico de mesoamérica careció de estas agrupaciones sólo en apariencia, pues en realidad quienes conformaban los grupos políticos se podían encontrar detrás de los diferentes cultos a unos y otros dioses. Tenemos por ejemplo que la leyenda de la salida de Quetzalcoatl de tula puede interpretarse como una lucha entre los grupos sacerdotales de aquella ciudad. Los sacerdotes dedicados al culto de la Serpiente Emplumada habían adquirido buena parte de la dominación política de la urbe tolteca, sin embargo crisis agrícolas que dañaron los medios de subsistencia, así como los continuos embates de las tribus chichimecas fueron aprovechados por sacerdotes del culto a Tezcatlipoca, exigiendo sacrificios humanos para calmar la ira de los dioses y dando lugar a una nueva formación ideológica como religiosa del pueblo tolteca. Tezcatlipoca expulsó finalmente a Quetzalcoatl, los sacerdotes del maestro de las artes abandonaron, junto con sus seguidores la metrópoli que ya no pudo jamás recuperar su esplendor, hasta su inevitable caída.

Ahora, las facciones políticas parecen no ocultarse detrás de deidades ni de cultos idolátricos, que además de fuentes de poder eran propiciatorio de pingues ganancias, sin embargo quizá no se hayan alejado mucho de los dioses que exigen sangre del pueblo en los holocaustos inútiles, ni de dogmas cuyo justificación se encuentra en motivos inconfesables. Ahora los partidos políticos se establecen alrededor de ideas que aseguran defender, enarboladas o representadas por líderes que en ocasiones los medios masivos de comunicación convierten en ídolos de jade y gel.

Tenemos partidos políticos que se escudan en la protección al medio ambiente y han sabido hacer de la partidocracia mexicana un negocia redituable, del que participan no sólo sus fundadores, sino los parientes y trabajadores de los emporios televisivos; hay otros que existen sobre la base que otorga el sindicato de trabajadores dedicados a la educación, en donde además de mentores honorables, también figuran gran cantidad de “mapaches” y maestros de la marrullería electoral que rinden sus servicios al que mayor porción de poder ofrezca entregarles, sin importar colores o ideologías; algunos más que por sus ideas con fuerte influencia conservadora se denominan de derecha y se sustentan en valores enseñados por el credo religiosos más influyente del país; desde luego que no faltan los que se han llamado de izquierda, fragmentados en multitud de partidos, que a su vez están divididos en su interior entre los que propugnan por la socialdemocracia, el marxismo de ayer y siempre, e incluso la teología de la liberación; finalmente podemos hablar del partido hegemónico, no sólo por que controla la mayor cantidad de espacios de poder político disponibles en el país, sino también por que la influencia de sus prácticas ha resultado del agrado del resto de las organizaciones políticas, las que sin empacho las utilizan, lo que hace que con diferentes colores, al final del día parezca seguir dominando un mismo pensamiento político, dictatorial y centralista, conservador y pragmático, paternalista y clientelar.

Es de comprender que entre más opciones existen es más complicado elegir una, cuanto más si las opciones no satisfacen los deseos políticos de representatividad de la población, lo que no se soluciona con mayor número de partidos, sino con una cantidad reducida de ellos pero con un sustento ideológico que no se transforme con avidez pragmática, respondiendo sólo a los interés mezquinos de quienes se mueven dentro de ellos.

Para colmo, son los partidos los que eligen a los candidatos y de aquellos depende la calidad moral de quienes aparecerán en las boletas electorales, lo que resulta aun más desagradable para el electorado, que no repara sino en descubrir los mismo rostros incluso sólo con camisetas diferentes, cuando llegar a cambiar algo y al final sólo queda la pesadumbre de repetir “tan malo el giro como el colorado”. La solución: ciudadanía al extremo en los partidos y en los procesos electorales. Se ha avanzado con la creación del Instituto Federal Electoral, pero resulta increíble que tratemos de evitar los cargos como funcionarios de casilla dejando el lugar a los vívales electoreros. El abstencionismo no me resulta tan grave, como la apatía de integrarse a las agrupaciones políticas y a los partidos de preferencia, pues ello desplazaría alas clientelas y con ello a los liderazgos falaces que responden a intereses concretos y nunca generales.

Regresemos a la historia y observemos que la transformación política que se generó por la revolución mexicana se fraguó en los clubes liberales y en la formación de partidos políticos independientes, formados en su mayoría por ciudadanos y algunos políticos de profesión. La independencia respecto de España se formuló dentro de las tertulias literarias en donde no sólo fluían los vinos europeos y californianos, sino la discusión acalorada y constante de las ideas de la ilustración. Tomemos ejemplos y formemos células ciudadanas, que además de participar dentro de los partidos políticos, también discutan y formule opiniones políticas, generando educación política que nos fortaleza delante del abanico de opciones y mejor aun que nos permitan crear, desde el interior mismo del monstruo, las opciones por las que habremos de inclinarnos.

REFLEXIONES RESPECTO A LOS FINES DEL ESTADO.

Estado... ¿Estado para qué? Si la justificación antigua del Estado era el peligro de nuestra autodestrucción al volver a la etapa primitiva sólo guiada por deseos e institntos ahora que los adelantos de la civilización nos coloca sobre el pináculos del universo al grado de creernos dioses, ¿será necesario el estado?, ¿no será a caso que sin él no habría autodestrucción sino la oportunidad de expandir con libertad y desparpajo las facultades y habilidades que poseemos?
¿O será a caso que no hemos cambiado nada, que los bártulos tecnológicos so sólo un maquillaje que oculta la realidad y que en todo este tiempo nuestra idea de evolución es un engaño que nos hemos fabricado para no sentirnos ten débiles e insignificantes? ¿Estamos obligados por naturaleza a la autodestrucción y se nos hace indispensable algo que lo evite? ¿Será esta la finalidad del Estado?
Podemos tener muchas otras respuestas. Los neoliberales ven en el estado el estorbo de las libertades económicas, el mayor obstáculo para la generación de riquezas individuales y de explotación irracional de los recursos naturales. Miran con aborrecimiento las regulaciones, las normas y preceptos que limiten de cualquier forma sus deseos de ganacias y sólo abrazan a aquellas que protejan sus propiedades y sus intereses. Consideran al Estado como el intrumento idoneo para combatir y destruir a los monopolios, siempre y cuando ellos sean la competencia, y ven en el Estado el instrumento idóneo para consolidar y fortalecer los monopolios, siempre y cuando ellos los posean. Así el Estado burgués neoliberal tiene como finalidad proteger el interés del capital por encima de la colectividad, con la esperanza vana de que la riqueza se derrame desde la cúspide de la piramide social y llegue a las manos callosas del proletariado, que hambriento es el que al final de cuentas produce con su esfuerzo la riqueza.

Los socialdemócratas verán al Estado como el instrumento que sirve para conciliar la lucha de clase, al árbitro de la historia que podrá satisfacer los intereses de unos y de otros por medio de la ley y la fuerza. Va a permitir el engrandecimiento del capital sin menoscabo de las necesidades de las clases dominadas. Va a otorgar los medios para que el proletariado se ilustre y busque su regeneración que lo conduzca a la toma de las riendas de su destino, siempres y cuando esas decisiones independientes no perjudiquen a la propiedad privada sobre los medios de producción.

Los marxistas podráin ver en el Estado el instrumento que no concilia en la lucha de clases, sino amortigua su choque, retardando la reovlución proletaria y prolongando de forma antinatural el devenir histórico de la humanidad. Claro, siempre y cuando no tengan que tomar decisiones de poder y de gobierno, porque entonces el Estado es el "mal necesario" por medio del que será posible consolidar la dictadura del proletariado, al través del estableciemitno de las medidas de educación y política que sean necesarias para adecuar la nueva forma de observar el mundo, en la que no cabe más que un pensamiento.

Tal vez los liberales, más sinceros, que llevados al extremo no son ni comunistas, ni socialistas, ni capitalistas neoliberales, sino mas bien anarquistas podrían señalar como los hermanos Flores Magón, que el Estado, una vez que ha cumplido no es necesario mantenerlo con vida, sino procurar acortar su agonía proveyendo los meidos de su desaparición. Y regresamos entonces al punto de partida.

22 de febrero de 2010

Sobre la Representación

Cuenta la anécdota que el tiempo ha transformado en leyenda, que la Ekklesia de Atenas, apesadumbrada por las amenazas de las otras ciudades-estado de la península del Peloponeso, se unía en un clamor que sonaba como eco hasta los cimientos de sus edificios. “¿Quién hablará por Atenas? ¿Quién hablará por la ciudad?” Las grandes figuras políticas se ocultaban en pretextos, otros en su culpable ausencia, los más en su cobardía entrenada para la intriga, pero no para presentar la frente en la justa lid. ¿Quién hablará por Atenas?” “Yo, yo hablaré por Atenás”. La voz del joven Demóstenes silenció el coro histérico de los atenienses, la fuerza de un espíritu que superó sus deficiencias físicas y que con el alarido de su alma acallaba los rugidos del mar griego presentaba la única alternativa de defensa de la Patria. Su actitud, su preparación, su inquebrantable deseo de conjugar en su voz los anhelos del pueblo, y no el voto de la asamblea corrompida y atemorizada, lo convirtió en el embajador, en el Representante de Atenas.

Los varones que se reunían en la Asamblea decían representar al pueblo ateniense, sin embargo sus intereses particulares y de grupo se anteponían en la toma de decisiones. Se agrupaban y escuchaban mediocres oradores hasta el aburrimiento, discutían acaloradamente los derroteros de su Estado, pero más bien fingían con mayor exageración que los actores de la comedia de moda. Decidían de antemano, ocultos en la oscuridad de la noche y el secreto, negociaban y acordaban defraudando a todos, incluso a si mismo. Hablaban del gobierno del pueblo y se esforzaban por mantener la aristocracia. Embriagados y enloquecidos los sorprendió la crisis y no supieron enfrentarla. Por ello el embajador de Atenas fue el joven obrero que no podía pagar clases formales para prepararse y sus mentores fueron el viento, el mar y el sol de su Patria, su maestra más elevado la realidad simple y descarnada.

La realidad simple y descarnada, el viento, el sol y los litorales de nuestra Patria nos enseñan que poco ha cambiado desde aquella democracia griega a nuestros días. La representación la llevan aquellos que protegen intereses y grupos que no se identifican con las necesidades de la generalidad. Son pocos los que verdaderamente han levantado la voz para decir sinceramente “Yo, yo hablaré por Atenas” y conducirse congruentemente por esa vereda. La representación moderna, ideada por las necesidades revolucionarias de la Francia luminosa del siglo XVIII, se ha ido desvirtuando tan sutilmente que parece normal su descomposición. El Tercer Estado, encontró representación en Dantón, Marat, Mirambeau e incluso en el terror vengativo de Robespierre, sin embargo parece que hoy sólo los estamentos dominantes tienen representación.

En este sentido podemos pensar que la representación, debe de corresponder a una decisión de la población que no se restrinja a un limitado número de planteamientos que por su ambigüedad responden indistintamente a las condiciones sociales y políticas que se van presentando. De tal suerte que un partido político puede plantear su posición en el sentido que electoralmente le sea preferible y no responde concretamente a la ideología. No existe identidad entre el representado y el representante, ni confianza del exacto cumplimiento de su encargo.

La representación no sólo debe de ser un ingrediente legal de la democracía, sino que debe de partir desde la misma base de la identidad entre el representante y su representado. Veamos el ejemplo sublime de Bolivia, nación conformada en su inmensa mayoría por población perteneciente a los pueblos originarios y previos a la llegada de los españoles, que hasta hoy se haya fielmente representada por su Presidente Evo Morales Ayma, con la dignidad enorme que le granjea los más elevados reconocimientos en las naciones del orbe, como portavoz eficaz de su raza, heredero digno de aquel Quintín Quevedo, emisario boliviano, primero en el mundo en reconocer a Juárez como legítimo gobernante de México, luego de la derrota de Maximiliano.

¿Cómo han de ser entonces nuestros representantes, los que ocupen los elevados cargos del servicio público? Hombres y mujeres dignos que surjan de las bases sociales. Obreros, indígenas, campesinos, maestros, estudiantes, orfebres, etcétera que conozcan los problemas y determinen con precisión sus soluciones. Somos ahora el nuevo Tercer Estado y la pregunta permanece en el aire ¿Quién hablará por México?

Sobre la Constitución del Estado

El Estado no es una formación arbitraria y aislada, no puede serlo pues eso lo condenaría a una vigencia fugaz. La finalidad de su creación es tan grande que necesita de la continuidad eterna del tiempo para consumarla. Si el objetivo del Estado es proveer los medios para procurar la felicidad de sus integrantes, entonces exige la eternidad como medida. Sin embargo el Estado no ha existido siempre, es una creación del genio humano. Si hiciéramos un ejercicio mental a fin de remontarse a la prehistoria podríamos imaginar al cavernario salvaje y sin idioma, representación paradigmática del hombre de tiempos antiguos, defendiendo su territorio, como lo hace cualquier otro mamifero de la actualidad, por un deseo de superviviencia que lo arrollaba así mismo. Sin embargo, la misma investigación histórica asegura que los hombres antiguos eran más bien nómadas, recorrían las grandes rutas de migración de las manadas que cazaban como alimento, de sur a norte y de norte a sur con cada cambio de estación. Sería entonces la agricultura la que le permitiría asentarse, pero aun eso no explica del todo la aparición del Estado.

Consideremos entonces la siguiente propuesta: El Estado surge al parejo de dos eventos, el aumento de la población y la aparición de las concepciones mágicas y religiosas. La primera requirió una organización más compleja dentro de los grupos humanos y la segunda permitió la aparición de estamentos religiosos o sacerdotales que estaban investidos de la sabiduría para conducir la nueva organización. Lo anterior sustentando la idea de que el Estado, como un sentimiento de pertenencia más allá del sanguíneo es por fuerza una idea mágica, casi mística de un Poder Superior integrado por todos los que lo formamos.

Los Estados actuales se generan y permanecen a partir de ideas. Nuestro país se constituye, se forma a partir de las ideas desarrolladas por las castas criolla y mestiza de separación respecto de la Corona Española. No era un deseo únicamente político, sino también económico y si se me permite espiritual. Las masas enardecidas que arrasaban pueblos bajo el mando del cura excomulgado Miguel Hidalgo, se aglomeraron alredor de un deseo de identidad, los líderes hablaban de una nueva nación, con nuevas reglas y la igualdad entres sus miembros. Se hacía hincapié en el vínculo que fundía y funde a los indígenas con la tierra de sus ancenstros. Se abolío la esclavitud cumpliendo el anhelo que nunca viera del negro Yanga.
E N C O N S T R U C C I Ó N . . .